Hoy estábamos trabajando en un mscape para la comarca de La Selva (Catalunya). Estamos tratando de hacer un juego de pistas en un pueblo y su castillo. Es una fortaleza del siglo XVIII y su episodio más “glorioso” ocurrió durante la Guerra del Francés. El caso es que a la hora de interpretar un recurso como éste, y al haber elegido una historia de resistencia ante el enemigo, de huida, ¿qué hacemos con los muertos? ¿Cómo hablamos de la guerra sin hablar de ellos? Es más: Y si vienen franceses a hacer nuestro MScape, ¿cómo reaccionarán ante esta historia?
En Inglaterra llaman a este tipo de interpretación “hot interpretation”; aunque en realidad en este caso no es eso, porque no se trata de un campo de concentración, ni de Belchite
, es una cuestión de elección: ¿Qué parte de la historia voy a contar?
No podemos pretender hacer enciclopedias de los sitios que interpretamos… Pero, ¿por qué siempre tengo esta tendencia a ocultar a los muertos?
Marzo 27, 2008 at 9:19 pm
Con enciclopedias la gente se espanta.
Quizás porque es la parte menos grata de la historia
Abril 6, 2008 at 4:00 pm
Hola, somos los muertos y queremos que hables de nosotros, que siempre vais de florecillas y os olvidáis de explicar al público las horribles maneras de morirse en los ss XVIII-XIX. Los tiros limpios de mosquetón, esos en los que la víctima dice Ay! y se cae al suelo, quedan muy bien en las pelis, pero siempre os olvidáis del pobre desgraciado que tuvo la mala suerte de cruzarse con un proyectil de 12 libras y quedaba transformado en hamburguesa instantánea, de los que acabaron cosidos vivos a bayonetazos o sablazos. Claro que quedaban muy poco fotogénicos, pero bueno, eso es más o menos como ahora. La diferencia estaba para los que no cascaban al instante y se quedaban allí aullando de dolor, hecho bastante habitual por otra parte. Los que estaban muy mal eran tradicionalmente rematados a bayonetazos (amigos y enemigos por igual) para no gastar balas. A los otros les esperaban las maravillas de la medicina de la época, ya sabes: amputaciones sin anestesia, que aún no habían opiáceos disponibles, todo tipo de infecciones, que aún no se había descubierto la microbiología, etc. Por poner a alguien famoso, acuérdate del Lannes, el amiguete del Napo, al que un proyectil le destrozó las piernas y los mejores médicos de la Grande Armeé no pudieron salvarlo después de amputárselas.
Uno de mis profes decía que la gente no se conmueve ante las cifras sino ante las historias individuales. Para probarlo, leía testimonios de supervivientes del Holocausto a sus estudiantes de doctorado, supuestamente acostumbrados a las cifras bestiales de muertos (millón arriba, millón abajo) hasta que les arrancaba lagrimones. Aquí se podría jugar con lo mismo, una historia individual que acabara mal. Si, es terrorismo emocional, pero si pagan por ello en el cine pues con más razón que sepan lo que pasó “de verdad”. Y para dar una idea de las cifras, algo como un miniejército de soldaditos de plástico quedaría muy bonito.
Y para que el público juegue un poco, pondría una reproducción de un mosquetón, no tanto para que los niños se pillaran los deditos con la llave, que también, sino para probar a ver quien lo puede cargar en menos de dos minutos con una banda sonora de tiros, gemidos de moribundos, órdenes y contraórdenes y fanfarrias militares. Pasado el tiempo, les pondría un mensaje por megafonía, del tipo “han pasado los dos minutos, la caballería ha cargado y ahora tienes un inmenso tajo en la barriga por el que se te escapan los intestinos. Game over.”
Abril 6, 2008 at 5:41 pm
Hola Eróstrato,
Gracias por tu comentario, personalizar los sitios patrimoniales, los castillos y tal es lo que intento hacer siempre, creo que sólo a través de la historia en primera persona de un personaje concreto puedes entender cómo se vivía y sentía un lugar en primera persona. Aún así, lo de las bayonetas y la sangre y tal… no se chico… como que no lo veo necesario ¿que puede aportar a un sitio que le enseñes que alguien perdió alli sus tripas?
Abril 7, 2008 at 7:37 am
Si hay muertos hay que hablar de ellos, pero quizá no es necesario que los haya con lo cual tampoco es necesario hablar de ellos.